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sábado, 15 de agosto de 2009

¿Y por qué usar el cinturón de seguridad?

He aquí un par de videos que responden a esa interrogante.
En muchas ocasiones optamos por ceder ante la pereza o la comodidad, olvidando lo delicada que es nuestra existencia. Basta un movimiento en falso para darle fin a todo.
Estos videos me impresionaron por lo bien realizados que están. Considero que esta clase de trabajos son una mezcla perfecta entre un mensaje positivo y un trabajo impecable.
Sin nada más que agregar, véanlos.

martes, 7 de julio de 2009

¿Adicción?

Saludos, lectores. Mi propósito de mantener este blog actualizado "tan pronto como sea posible" se ha visto desplazado por otras ocupaciones... Entre ellas, buscar temas que realmente valgan la pena.
He estado divagando a intervalos en estos días, en una mezcla de música y películas antiguas. Y recuerdos. Siempre recuerdos. Parece que nunca pueden faltar...
Una charla me hizo darme cuenta de no importa cuánto se esfuerce una persona por separar los diferentes aspectos de su vida, siempre terminan mezclándose en algún punto. ¿Un ejemplo? El trabajo. Obviamente es imprescindible en la vida cotidiana (de lo contrario, ¿de qué come uno?), pero cuando se vuelve el único tema de conversación es evidente que hay un problema serio. Me di cuenta de eso un día en que una amiga vino de visita. Teníamos meses sin hablar, había tantos temas que pudieron ser útiles... Y pasamos 2 horas hablando de nuestros respectivos trabajos. Es como si, de pronto, todo girara en torno a ello. A veces me pregunto: ¿Realmente es sano pasar la vida trabajando? ¿O qué queda cuando la vida se va? En muchos casos, lo único que queda es el trabajo que se realizó en vida, pero... ¿Se puede decir que vivimos cuando no tenemos tiempo para nada? Qué complicados somos los seres humanos.
Volviendo a la situación con la chica... Es increíble que la rutina agote a tal grado que sea el único recuerdo inmediato. No dudo en que, un día de estos, los trabajos y las carreras ocupen el lugar del único tema interesante entre las familias. En estos tiempos, el dinero es una deidad... ¿Qué pasaría si el trabajo fuera la nueva deidad? Quizá sería un mundo más productivo. Quizá más caótico. Lo único cierto es que no me parecería extraño.
¿Conclusión? El workaholismo se ha vuelto una epidemia. ¿O sólo somos unos cuantos?
Quizá la mayoría se volvieron adictos al trabajo por la necesidad de sobrevivir a la sociedad moderna; lo interesante sería ver cuántos se volvieron devotos por gusto. ..
Mi mente está divagando de nuevo. Tal vez consultaré en estadísticas o algo así. Lo más seguro es que este tema regrese en otra ocasión.

miércoles, 15 de abril de 2009

Privacidad.

¿Se puede hablar de privacidad en estos tiempos?
Como he mencionado tantas veces en el pasado, la tecnología es un arma de doble filo. Las facilidades para ponerse en contacto con otras personas rompen con el tiempo y el espacio, dándole una mayor velocidad al proceso comunicativo. Es posible hablar e incluso ver a otras personas a un precio relativamente bajo, mantener relaciones de todo tipo, planear grandes negocios, difundir el trabajo personal, etc., etc.
Internet, teléfonos... Los medios electrónicos se han extendido a un ritmo increíble. El problema es que todas las comodidades antes mencionadas son pésimas en malas manos. Ahora, situaciones como el acoso, el robo de identidad y etcétera son más frecuentes que nunca debido al acceso (casi) ilimitado que cualquiera puede tener a la información. Si a eso se suman el gobierno y otras instituciones dedicadas a monitorear la actividad virtual y personal de los individuos... ¿Dónde queda la tranquilidad? ¿Dónde queda la seguridad de que alguien no está observando nuestro movimientos o escuchando nuestras conversaciones? Es imposible saber. La mente humana es rica en inventos; por lo tanto aún desconocemos los verdaderos alcances que podría tener la tecnología. Pero en lo referente a la privacidad, creo que es muy limitada.
Desgraciadamente, es casi imposible mantenerse completamente lejos del internet y otros medios (ejemplo: teléfonos celulares). La peor parte es que son actividades tan cotidianas que mucha gente ha perdido la conciencia de que están utilizando tecnología. Digo que es la peor parte porque quizá no tienen la menor idea de los potenciales beneficios, peligros o responsabilidades que implica manipular e introducir información en dichos medios.
Parece increíble, pero lo es. Hace algunas semanas leí una encuesta realizada por un pequeño grupo de jóvenes, en la cual las personas cuestionadas admitían utilizar las computadoras, teléfonos celulares y otras pequeñas delicias mecánicas en sus vidas cotidianas. El problema vino al momento de lanzar la pregunta: ¿Qué tan frecuentemente usas tecnología?. La respuesta me dejó fría. La gran mayoría respondió: Con poca frecuencia. Una enorme contradicción, tomando en cuenta la respuesta anterior. ¿La rutina mata las neuronas o afecta la memoria? El rumbo que va tomando esta situación me está preocupando seriamente...
Esto me vino a la mente después de enterarme de cierta institución educativa que revisa las cuentas de Facebook de los alumnos; y no conformes con ello se dedican a llamar la atención tanto a ellos como a algunos profesores. ¿Puede decirse que es una violación a la privacidad? Por supuesto. Es correcto hasta cierto punto que las universidades se preocupen por el desarrollo personal de sus alumnos, pero esto me parece demasiado. Facebook no tiene ningún tipo de relación con dicha institución; es un espacio dedicado al aspecto personal, por lo cual los estudiantes pueden hacer lo que consideren pertinente. Las llamadas de atención deberían estar reservadas en asuntos verdaderamente graves (como delitos y demás).
Vaya cuestión. Espero que la gente tome conciencia antes de que sea tarde.

domingo, 5 de abril de 2009

El poder de los correos.

En un post anterior había mencionado algo relacionado con los correos electrónicos y las causas sociales. Creo que cualquiera que tenga una buena cantidad de contactos sabrá lo que es la desagradable experiencia de encontrar la bandeja de entrada saturada de cosas inútiles que se supone que deberían dar risa. O por lo menos, así es la gran mayoría.
¿Pero qué hay de la gran mayoría de los correos que circulan sobre situaciones sumamemente serias? Desde hace unos meses he estado recibiendo algunos correos con historias escalofriantes: Personas desaparecidas en circunstancias inciertas, asesinatos de todo tipo, niños perdidos e incluso peticiones en línea de detener a violadores y otra clase de criminales.
El dilema es: ¿Hasta qué punto es cierta la información? Es obvio que estos acontecimientos (o peores) inundan las noticias estos días, pero por un momento me puse a divagar... ¿Qué tal si algunos casos fueran ficticios? ¿O campañas para arruinar el prestigio de una persona?
Si es una campaña justa en contra de alguien que merece castigo, estaré encantada de participar. Pero si no sabemos a ciencia cierta cuál es la veracidad de los hechos, podríamos terminar haciendo un mal en lugar de una buena acción.
Y aquí es cuando la línea de la realidad y la ficción se diluye: Sólo las personas que crearon dichos correos saben lo que es verdad, así como los objetivos que persiguen al difundirlos entre tantas personas. El internet es un arma de doble filo, ya que su poder se expande hasta los lugares más remotos de la Tierra.
Llego a esto porque hay algunos casos que he investigado un poco más y me he topado con situaciones tan descabelladas que parecen producto de la imaginación de un loco. Por ejemplo: en un correo sobre una serie de asesinatos en la fayuca de Puebla, aparecen firmando como amigos de las víctimas una lista de nombres... Dichos nombres pertenecían a las personas muertas en la tragedia de República de Cromagnon en Argentina (....?). Si el caso fue cierto o no, no me corresponde juzgar. Lo que es extremadamente desagradable es que hayan involucrado indirectamente a personas que ni siquiera tenían nada qué ver. ¿A quién le gusta que bromeen sobre sus muertos? Esto me disgustó demasiado. Respeten a la gente, en especial a los muertos que ya están descansando.
Así que la moraleja que extraigo de todo esto es: No queda más que investigar. A ver qué tan cierto resulta todo.

domingo, 1 de marzo de 2009

Obscuridad total.

Esta vez no estoy hablando en un sentido metafórico. Es la 1 de la mañana y ha ocurrido uno de esos eventos molestos pero inevitables: Se fue la luz.
Lo se. Quizá muchos piensen: "¿Qué persona en su sano juicio se sienta frente a una computadora a la 1?" Definitivamente una muy ocupada. Pero ese no es el tema a tratar.
El hecho de que la electricidad se haya cortado tan abruptamente me hace pensar en tantas cosas. En cierta manera es una oportunidad de ponernos más alerta a nuestro alrededor. Sin ninguna distracción, podemos concentrarnos más en el interior y en el exterior. El ladrido de los perros, el chillido del viento contra los árboles, el crujido de las puertas... Todo un universo sonoro aparece en la obscuridad.
Lo que me parece irónico de las cosas simples es que estamos tan acostumbrados a ellas que incluso llegamos a ignorarlas. Es en momentos como estos que recordamos su existencia.
Caminar por la casa es algo casi automático en condiciones normales. Pero en un apagón es como adentrarse en un nuevo mundo. El camino se torna desconocido, incluso hostil. Sustituimos la vista por el tacto; palpamos las texturas... Cambia radicalmente la perspectiva de lo normal.
(En la actualidad puede que sea más sencillo gracias a las lámparas y los celulares. Sin embargo, prefiero verlo desde un punto de vista más tradicional).
De momento me pregunto... ¿Qué pasaría si esta penumbra durara días o semanas? ¿Cómo cambiaría la gente en ese intervalo? ¿Qué vida resurgiría de ese caos? Suena un experimento curioso, incluso doloroso. No me queda más que suponer.
¡Qué gracioso! La lámpara volvió a encenderse antes de terminar de escribir esto.

miércoles, 7 de enero de 2009

Por qué detesto los partidos de fútbol.

Es soprendente lo que tiene qué ver uno en una pequeña salida...
Hace algunas horas, salí a comprar un poco de café (entre otras cosas) a un establecimiento cercano. Conforme avanzaba, me di cuenta de que había una multitud de gente cerca del estadio. No tardé mucho tiempo en llegar a la conclusión de que era día de juego.
Todo siguió igual: Seguí caminando y las masas de gente continuaron su rumbo.
Después de ir por los víveres, me detuve a pagar en la caja, se me ocurrió mirar por uno de los cristales... Y ahí estaba, señores. Otra muestra de la idiotez que vivimos en estos días.
Unos fanáticos del equipo X (no diré nombres simplemente porque me da pereza) empezaron a perseguir a los del equipo contrario. Para la mala suerte de un joven que no pudo salir de la multitud a tiempo, comenzaron a golpearlo entre 5 ó 6 personas. La buena noticia es que la policía intervino rápidamente... Tan rápidamente, que ni siquiera me di cuenta de cuándo llegaron hasta que los vi en acción. Por supuesto, los bravucones se dispersaron rápidamente al ver la presencia de las autoridades.
A los pocos minutos, el lugar comenzó a llenarse de patrullas y motocicletas. El tráfico se paralizó. Y, a pesar de que el partido tenía cerca de una hora de haber finalizado, había gran cantidad de gente en los alrededores.
¿A qué voy con esto? Que en los estadios ya no hay una diversión verdaderamente sana. No tengo nada en contra del fútbol o cualquier otro deporte; lo que critico es la manera de actuar de los aficionados. Mientras que algunos acuden tranquilamente a presenciar el encuentro, otros aprovechan en descargar su ira reprimida y alcoholizarse (entre otras actividades, por supuesto).
¿Y qué si el equipo no ganó? Nadie debería ocasionar estragos por eso. Por supuesto que uno se indigna hasta cierto grado, pero eso no significa que deba ir tras los contrarios y patearlos. Después de todo, los aficionados no ganaron o perdieron el partido. Fue el equipo. Comprendería que persiguieran a un tipo si hubiera matado a alguno de los jugadores (cosa que, espero, no suceda) o algo similar... ¿Pero sólo para desquitarse porque su equipo ganó? Eso no tiene el menor sentido.
En ocasiones, creo que el fanatismo deportivo está superando al fanatismo religioso. Eso es lo más preocupante de todo.
Por otro lado, quiero agregar una pequeña moraleja que saqué de esta experiencia: Caminar cerca de un estadio en un día de partido es una de las cosas más estúpidas que se puede hacer. Incluso si es para ir a un supermercado.